Noviembre 29 de 1989
La celebración de la CENA POR LA PAZ es un importante evento para la democracia colombiana por sus implicaciones dentro del proceso de paz que ahora inicia su fase culminante. Hace ya más de un año el Gobierno y el M-19 dieron inicio a un proceso de distensión y entendimiento. Se trazaron objetivos claros y precisos. Se fijaron en el horizonte de la paz metas realistas. Se diseñaron mecanismos concretos para el diálogo. Se incorporó a las negociaciones a diversos sectores de la vida nacional y a los partidos políticos con representación parlamentaria. Se crearon responsabilidades y se crearon instrumentos de control y evaluación. Uno a uno estos objetivos se han ido cumpliendo dentro de un proceso delicado y lleno de obstáculos. Transitamos exitosamente, con el concurso de muchas personas e instituciones, de la distensión a la transición y hoy, con la celebración de esta cena, el proceso de paz inicia la fase de incorporación definitiva del M-19 a la vida civil e institucional del país. El Movimiento 19 de Abril hace hoy ante el país el primer esbozo de lo que será el futuro partido político surgido de desmovilización, partido que será acogido y reconocido por el Estado en su momento si cumple con la Constitución y las leyes colombianas.
Ciertamente hace falta recorrer un trecho dentro del proceso de reconciliación, que tendrá su punto culminante en el acto de dejación de las armas por parte del M-19 y la aplicación del indulto por parte del Gobierno nacional, previa aprobación de este instrumento por parte del Congreso Nacional. Hasta entonces, será necesario trabajar intensamente en los distintos aspectos consignados en los acuerdos del «Pacto Político por la Paz y la Democracia» y el «Acta de la Comisión de Desmovilización». Estos acuerdos, firmados hace varias semanas, contienen las responsabilidades y compromisos adquiridos por el Gobierno nacional, los partidos políticos, el Congreso de la República y el M-19 para finalizar exitosamente este proceso de reconciliación en los dos objetivos fundamentales trazados desde la primera declaración conjunta del 10 de enero de 1989: concretar la desmovilización del grupo armado y su incorporación a la vida civil y avanzar en el camino de modernizar la democracia colombiana.
Nada se ha dejado al azar. Tampoco se han hecho imposiciones. Nadie que analice con sana objetividad y buen juicio lo consignado en el «Pacto Político por la Paz y la Democracia » puede afirmar que el Gobierno fue demasiado lejos, que el Gobierno está creando un Estado paralelo o que acordó lo que no puede cumplir. Hay que señalar en primer lugar que lo que hicieron el Gobierno y M-19 fue recoger el consenso de una discusión pública llevada a cabo por espacio de cuatro meses en el recinto del Congreso y en la cual participaron todos los sectores nacionales que tomaron la decisión de hacerse presentes en ella. Asistieron periodistas y gremios de la producción, sindicatos y asociaciones de profesionales, destacados profesores de universidades públicas y privadas y, lo que es mas significativo, en todas y cada una de las discusiones de las Mesas de Análisis y Concertación participaron voceros autorizados del Partido Liberal y el Social Conservador. Con su presencia y sus aportes se llegó a las conclusiones y consensos en cada uno de los temas. Sea esta la oportunidad para hacer un público reconocimiento a estos delegaciones que fueron coordinadas, en el caso del liberalismo, por el doctor Saulo Arboleda, Secretario General, y en el Social Conservatismo por el también Secretario General, Senador Hernando Barjuch.
Nada fue discutido a puerta cerrada, nada debatido sin la presencia de periodistas que registraron en los medios de comunicación las posiciones y respuestas de los participantes. No hay razón alguna, pues, para que hoy, en la fase final del proceso, los partidos políticos o cualquier ciudadano se declaren sorprendidos por lo que en ese mecanismo de diálogo se acordó. Los compromisos consignados en el «Pacto Político por la Paz y la Democracia » responden a demandas ciertas de muchos sectores sociales y a la necesidad innegable de ampliar la democracia colombiana y avanzar en el campo de la justicia social. Los temas constitutivos del Pacto Político tampoco pueden sorprender por su novedad puesto que en su gran mayoría vienen a sumarse a propuestas que son objeto de debate político desde hace años y que han sido viejas banderas de los partidos tradicionales. El tema del referéndum, por ejemplo, no fue creación ni se lo inventó el pacto firmado entre el Gobierno, los partidos y el M-19. Por el contrario, el proceso de diálogo con el M-19 llevó a considerar la conveniencia de utilizar este instrumento propuesto por el Gobierno nacional en la reforma constitucional y acogido de manera entusiasta por el Parlamento, tanto en la primera vuelta de sesiones de 1988 como en el final de la discusión de esta iniciativa.
Son, todas ellas, propuestas que se han hecho respetando la autonomía de las cámaras legislativas; señalando, eso sí, la trascendencia que el Gobierno le atribuye a este acuerdo como uno de los pilares del proceso de paz. Para el Gobierno, este acuerdo no se limita a la paz con el M-19: es, por sobre todo, el inicio de una paz global fundada en el establecimiento de unas condiciones nuevas que en el país deslegitimen la vía de las armas como camino del sentimiento político, que dejen sin fundamento las posiciones esgrimidas por los grupos guerrilleros y que muestren un país con unas instituciones democráticas fortalecidas que permiten resolver en su seno todas las contradicciones de los colombianos, por más agudas que estas sean. Poco a poco la opinión nacional ha ido reconociendo las bondades de este pacto y el Gobierno ha registrado con satisfacción opiniones favorables tan destacada como la del ex presidente Carlos Lleras Restrepo, quien expresó su acuerdo con otros de los puntos de ese pacto como lo son el establecimiento del Fondo Nacional para la Paz y la incorporación de los miembros desmovilizados del M-19 a los Consejo Regionales de Rehabilitación. Igual puede decirse de varios precandidatos presidencia les, destacados parlamentarios y periodistas que han apoyado, incluso en toda su extensión, el pacto político suscrito con el M-19. Que sea el momento para reafirmar el compromiso del gobierno del Presidente Barco de cumplir cabalmente los acuerdos y de reconocer el franco y decidido apoyo del ex presidente Julio Cesar Turbay Ayala, director nacional del Partido Liberal; del Presidente del Senado de la República, doctor Luis Guillermo Giraldo Hurtado y del Presidente de la Cámara de Representantes, doctor Norberto Morales Ballesteros al suscribir, junto al Gobierno y al M-19, este acuerdo.
En cuanto a los temas concretos de la desmovilización y la dejación de armas por parte del M-19, debe señalar que ya se ha diseñado y acordado un marco concreto de compromisos y responsabilidades en las cuales trabajan arduamente el Gobierno y el M-19. En la última declaración conjunta suscrita el pasado 26 de septiembre se hizo este anuncio, señalando que ya había analizado el trabajo de la comisión para el diseño del Plan de Desmovilización del M-19. Desde entonces nos hemos dado a la tarea de precisar todos sus detalles, que hacen relación tanto al acto mismo de la dejación de armas en presencia de una comisión Internacional como a diversos aspectos de la inserción política, social y económica de los miembros del M-19 a la vida civil colombiana. Diversas comisiones técnicas del Gobierno nacional trabajan, con la comandancia del movimiento, en la concreción de estos aspectos.
A juicio del Gobierno, los acuerdos a que se han llegado con el M-19 presentan un marco completo y preciso de compromisos y responsabilidades de todas las partes involucradas. Como dije, nada se ha dejado al azar. Restan unos pasos definitivos para finalizar el proceso y ellos, sin duda, podrán lograrse dentro del mismo espíritu con el cual hemos avanzado hasta hoy, es decir, con claridad de propósitos, con responsabilidades definidas, con generosidad y espíritu democrático. Finalmente, y por tratarse de la presentación de la nueva alternativa política M-19, quiero señalar que la ausencia del Gobierno en el presente acto se debe tanto al respeto del mandato constitucional como a la convicción moral de mantener imparcialidad política frente a todos los sectores. En nombre del Gobierno nacional y especialmente de mis compañeros de la Consejería Presidencial, de la Secretaría de Integración Popular y de todos los funcionarios del Plan Nacional de Rehabilitación, deseo al M-19 que este nuevo paso hacia su incorporación a la vida institucional sea sólido y fructífero para nuestra democracia.
Fuente: Villarraga Sarmiento, Álvaro, compilador y editor. (2009) Gobierno del Presidente Virgilo Barco 1986-1990. Se inician acuerdos parciales, pacto político con el M-19. Tomo 2 - Serie el Proceso de Paz en Colombia. Bogotá, Colombia: Fundación Cultura Democrática, FUCUDE

