DECLARACIÓN DEL M-19 SOBRE EL DIÁLOGO NACIONAL

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Abril de 1984

 

Los acuerdos firmados entre el Gobierno y el movimiento guerrillero han desencadenado una serie de acontecimientos que nos colocan en camino hacia la paz, porque esos acuerdos son una victoria de todos los colombianos, de todos los demócratas que creemos en una patria feliz donde la libertad, la dignidad, el trabajo, la educación, la alegría y la justicia sean patrimonio de todos y para todos.

 

Y tales acuerdos son la conquista de 3 grandes logros:

 

Cese al fuego: Silenciamiento de los fusiles para que se oiga la voz de los colombianos.

 

Diálogo Nacional: Realizar un Gran Diálogo Nacional como escenario donde se escuchen los análisis, las exigencias y las soluciones de los no escuchados hasta ahora, de quienes no han encontrado cómo expresarse libremente, de cada colombiano que tenga algo que decir, algo que proponer, algo que demandar.

 

Libertades Públicas: Recuperar las libertades públicas y las garantías sociales para crear un ambiente propicio al Diálogo Nacional y empezar a reconstruir la democracia de abajo hacia arriba. Se debe comenzar entonces con el levantamiento del Estado de Sitio y la apertura de canales de expresión y comunicación que den luz verde al camino hacia la Paz.

 

EL DIALOGO NACIONAL

 

¿Qué es?

 

Es el paso siguiente y la razón de ser del cese del fuego. Es una nueva vía para construir la democracia, ejerciéndola. Es una propuesta viva que ya ha generado y generará intensos debates, inmensas inquietudes, justos reclamos, profundas expectativas, desbordante entusiasmo. Porque es, ni más ni menos, poner el dedo de todos los colombianos en una llaga del país, pues se cuestiona un orden injusto para abrirle paso a través de soluciones para todos, a la democracia con justicia, con respeto, con dignidad.

 

Por lo tanto, requiere de la más amplia y creativa participación de todos los colombianos, exponiendo sus necesidades, proponiendo y discutiendo soluciones, movilizando y unificando propuestas a nivel regional y nacional. No es, entonces, un debate entre el Gobierno y el movimiento guerrillero, porque no están en discusión los problemas de la guerrilla, sino del país entero.

 

Por ello, porque el Diálogo Nacional es responsabilidad de todos y cada uno de los colombianos, no estamos invitando a él, sino sumándonos a ejercer nuestros derechos y deberes como ciudadanos con vocación de patria y democracia, como parte activa. Tenemos propuestas, no varitas mágicas: concebimos las soluciones nacionales como fruto de esta empresa colectiva que es el Diálogo Nacional, como resultado de las mayorías en movimiento y del país en debate.

 

Diálogo Nacional es hacer patria, porque es construir aportando soluciones. Es ir encontrando un camino propio para nuestro país, un producto criollo que nos lleve a una Paz duradera. La magnitud del Diálogo Nacional, la diversidad de nuestra geografía humana y social, la complejidad de nuestros problemas, la urgencia de encontrarles salidas concretas, exige hoy una respuesta de las mismas dimensiones a la altura de los clamores nacionales y de acuerdo con las particularidades de nuestra realidad nacional.

 

¿Quiénes participan?

 

Cada colombiano es el protagonista del Diálogo Nacional. En su hogar; en su barrio; en su trabajo; en su iglesia; en su sindicato; en su Junta de Acción Comunal, en su grupo cívico, cultural, ecológico, deportivo. Porque la democracia no es posible sin la participación activa de cada ciudadano en la discusión y búsqueda de soluciones a los problemas que afectan a la comunidad en particular y al país en general.

 

Las fuerzas vivas de Colombia motores de la vida política, social, y económica, tiene un papel decisivo en el Diálogo Nacional: los partidos políticos: los gremios; el movimiento cívico; las organizaciones populares, sindicales, campesinas, indígenas; los cristianos, estudiantes, maestros, periodistas, artistas, intelectuales; el movimiento guerrillero; los profesionales; los desempleados. A todos ellos exige el Diálogo Nacional ir más allá de sus propios intereses de grupo o asociación para aportar también, creativamente, a las soluciones nacionales.

 

Las instituciones y colectividades que han tenido responsabilidad en la conducción del país: el parlamento, las Fuerzas Armadas, la Iglesia, las asambleas, los concejos, el poder judicial, los medios de comunicación, las instituciones educativas… son parte dinámica y constructiva del Diálogo Nacional, ya que se nutren de sus aportes al tiempo que lo enriquecen.

 

¿Dónde y cómo?

 

Desde su comunidad local, su municipio, su región, su ciudad, los colombianos participarán con sus organizaciones y asociaciones. Se tendrá entonces que sentir a todos los ciudadanos que, mas allá de la queja, se movilicen decididamente y propongan soluciones reales a sus problemas de nutrición, vivienda, tierra, cultura, trabajo, educación, recreación, servicios, salud.

 

Nuestra geografía define regiones como realidades específicas de cultura y desarrollo económico y social con diversos grados de participación o ausencia de la vida nacional. Todo ello determina necesidades, expresiones y soluciones particulares que hacen parte de las grandes exigencias nacionales, pero que identifican a los habitantes de cada región. Es por ejemplo el problema del agua de Barranquilla, los conflictos de tierras en Cauca, la inseguridad en Antioquia, ligados a la deuda externa de Colombia y su lógica dependencia a los acreedores, a al inmoralidad administrativa, al desempleo, etc.

 

El Diálogo Nacional, por una parte se impulsa desde Cabildos Abiertos a realizarse en la escuela, en el parque, en la sede de la acción comunal o el sindicato, en la Iglesia, en fin, allí donde puedan congregarse los colombianos y las organizaciones decididas a hacerse escuchar para aportar soluciones, y movilizarse para ser tenidos en cuenta.

 

Por otra parte, el Comité de Preparación del Diálogo Nacional, conformado por la Comisión de Negociación y Diálogo, la Comisión de Verificación y la Comisión de Paz, más las personas designadas por el Gobierno y el movimiento guerrillero, tendrá a su cargo la promoción, organización y coordinación del desarrollo del Diálogo Nacional, y la vinculación de los comités regionales y locales que serán creados durante todo el proceso.

 

Las propuestas regionales, locales y nacionales surgidas del Diálogo, desembocarán en un Plan de Emergencia Nacional que recoja las salidas fundamentales que impone la profunda crisis que sacude al país, respaldado por todas las fuerzas de la nación en debate y en movilización. Creemos que los ejes de este Plan deben ser: rendición y democratización del campo; soluciones a la problemática urbana; medidas de emergencia la crisis social, en nutrición, salud, educación y empleo; ampliación de la democracia en al vida política; desarrollo económico cuyo beneficiario sea el pueblo; una política internacional independiente y bolivariana.

 

Este proceso de Diálogo Nacional, con cuyos resultados está comprometida la Paz, no puede tener límite de tiempo. Pero puede ser eterno. ¡La Patria no da espera! 

OBSTÁCULOS Y TEMORES AL DIÁLOGO

 

Aunque inadmisible e infundados, existen. En aras del interés nacional, despejemos las dudas expresadas acerca del Diálogo y el Congreso, la Constitución y los acuerdos de paz y la tregua armada.

 

El Diálogo y el Congreso 

 

El Diálogo no sustituye al parlamento. Por el contrario le brinda la oportunidad de aproximarse en vivo a la opinión urgida de una actividad legislativa que se traduzca en soluciones rápidas y reales, con lo cual se acortan las distancias que pueden separar al Congreso de sus electores.

 

Y tan importante como lo anterior, es la participación de los congresistas, de cara a sus electores, en la promoción y ejercicio de la democracia.

 

La Constitución y los acuerdos de Paz

 

No es patriótico acudir a la Constitución y a la Ley para oponerse a lo que representa la conveniencia pública, y a los acuerdos que intentan evitar el desangre nacional y profundizar la democracia. Mucho menos cuando en la tradición constitucional del país las reformas a la Carta han sido el resultado de acuerdos entre los antagonistas políticos y militares. Para no ir tan lejos, la más reciente de ellas fue la que impulsó el Frente Nacional: ésta no sólo se hizo violando la normatividad jurídica, sino ahogando la democracia al proscribir el derecho a gobernar a todo colombiano que no fuese conservador o liberal, en nombre de altos intereses de la patria que se sacudía en una crisis de violencia y tragedia social.

 

Son desleales con la historia quienes acuden a objetar mecanismos usados por ellos mismos en el pasado más reciente, cuando resultaban ser los únicos beneficiarios.

 

Más aún cuando hoy, con tanta o más urgencia que ayer, lo exigen la salud de la República y la felicidad de los colombianos.

 

¿Por qué la tregua es armada?

 

Porque cuando se intentó hacerlo sobre la rendición y la humillación no fue viable. Porque esa pretensión le valió, entre otras razones, el desprestigio y desgaste al cuatrienio anterior. Porque los acuerdos no se hacen sobre una guerrilla derrotada, cansada, desgastada; por el contrario se logran con la participación generosa de una guerrilla fortalecida con vocación de humanidad que quiere evitar una guerra civil.

 

Hoy, impugnar el acuerdo porque presupone una tregua armada, es levantar obstáculos ya derrotados con los cuales no hubiese sido posible este triunfo de la sensatez y la confianza.

 

Vamos a vencer los prejuicios, los resquemores y los miedos. La prueba irrefutable de nuestra voluntad de concordia, justicia social y democrática, es el testimonio vivo de nuestra presencia en la plaza pública de nuestra propia vida.

 

Al Gobierno, al Presidente de la República les decimos que es la hora de salir a la defensa de un propósito que representa un anhelo de la nación, que en toda decisión donde coincidamos con el interés del pueblo haremos causa común, que es la hora que reclama las definiciones de una crisis que no puede pagar la causa popular. Por eso convocamos al Gobierno a defender los acuerdos, cumpliéndolos con urgencia y garantizándolos e impulsando el Diálogo Nacional.

 

¡QUE SE ABRA EL DEBATE!

 

Ante la opinión nacional convocamos al doctor Carlos Lleras Restrepo a una entrevista pública con el Comando de Diálogo Nacional del M-19, con el propósito de despejar dudas e inquietudes al Diálogo.

 

Ante la opinión nacional convocamos al señor Ministro de la Defensa, General Gustavo Matamoros, al señor Comandante de las Fuerzas Armadas, General Miguel Vega Uribe, a que con el orgullo de colombianos, dispuestos a lo imposible por al patria, con la dignidad de los hombres que nos hemos enfrentado en el campo de batalla, podamos decir «Soldados, no luchéis por la destrucción, unámonos por la democracia» y así lograr un acercamiento en el Diálogo que llene de confianza a los hermanos del suelo, escudo y bandera. Discutamos señores generales, el papel de las Fuerzas Armadas frente a las luchas sociales. Nosotros hemos pactado una tregua no para detener una lucha social del pueblo, sino para que se escuche su voz y su exigencia. Por eso la Democracia y la paz no aceptan que se sindiquen como delitos atroces estas legítimas aspiraciones.

 

A la Comisión Política Central del Partido Liberal, al Directorio Nacional Conservador, a la Dirección del Nuevo Liberalismo, a la Alianza Nacional Popular, al Partido Comunista y a todas las fuerzas democráticas, las llamamos a concertar los acuerdos políticos que hagan viables los más rápidos caminos y procedimientos para el impulso al Gran Diálogo Nacional.

 

A la Nación entera la convocamos a que con su movilización y su voluntad de mayorías iniciemos el camino de un futuro de Democracia, Paz, y Justicia Social.

 

Antonio Navarro W., Vera Grabe, Israel Santamaría, Andrés Almares, Gerardo Ardila, Alfonso

Jacquín, Yamel Riaño.

 

Comando de Diálogo Nacional del M-19

 

Fuente: Villarraga Sarmiento, Álvaro, compilador y editor. (2009) Gobierno del Presidente Belisario Betancur 1982-1986. Tregua y cese al fuego bilateral FARC, EPL, M-19, ADO. Tomo 1 - Serie el Proceso de Paz en Colombia. Bogotá, Colombia: Fundación Cultura Democrática, FUCUDE

 

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