Transcripción
Marzo 9 de 1990
Llegamos aquí con el alma serena, pero indudablemente por ella cruzan profundas pasiones.
Por ella circulan emociones que se han venido construyendo durante 15 años de lucha, durante 15 años de vida dedicada única y exclusivamente a cumplir con los que fueron los dictados de nuestra conciencia y nuestros ideales. Llegamos al término de una jornada y al comienzo de otra y llegamos con la certeza de haber cumplido en Colombia un papel positivo. Llegamos sin temores, sin claudicaciones, llegamos con la convicción profunda de que algo nuevo tiene que abrirse en Colombia. Llegamos a un momento en que el M-19, como el conjunto de la nación con todos los factores de poder en el país y con todos nuestros compatriotas, tenemos que ganar la paz para este país.
La guerra civil en Colombia, que nos amenaza, es indeseable para el M-19. Significa una profunda tragedia nacional y esperamos que no sea la suerte de todos. Confiamos en la posibilidad de construir interlocutores para este momento frágil de la paz, porque aquí estamos, no disfrutando de una paz a manos llenas, sino simplemente, con una pequeña semilla de paz que tenemos que saber cuidar, que tenemos que saber estimular; que, entre todos, multitudinariamente, tenemos que garantizar para Colombia el fin de la indolencia, de la indiferencia y volvernos hombres comprometidos con la suerte total de esta nación.
El fracaso del M-19, el asesinato de sus miembros, la persecución política, el colocarnos contra la pared, el volver a ensayar un proceso de paz en Colombia, significa simplemente una tragedia para todos los colombianos, y no una tragedia para el M-19. O no una tragedia simple y exclusivamente para el M-19. Se han hecho muchas preguntas alrededor de la preocupación de muchos colombianos, en el sentido que el M-19 no tenga la suerte de la Unión Patriótica. Creo que en las manos de todos los que estamos aquí, y los hombres que creen que estamos asistiendo al último cuarto de hora, se está jugando el destino de Colombia.
Tenemos la responsabilidad de la paz, por eso hemos recorrido todas las plazas posibles en este corto tiempo, promoviendo la causa de la paz. Hemos hablado con franqueza, porque queremos que en Colombia los hombres se puedan volver a mirar a los ojos y puedan volver a tener confianza entre sí. Venimos construyendo un proceso por encima de la mediocridad y por encima de la mezquindad, de la falta de visión de una clase dirigente en el Senado y en la Cámara, porque de alguna manera existe la posibilidad de construir un bloque parlamentario, lo suficientemente sólido que permitiera darle vida nueva a nuestras instituciones democráticas. Que permitiera restablecer la confianza y la disputa en términos de equidad en este país. Pero sobre este fracaso, sobre la incapacidad de cumplir con lo pactado, el M-19 siguió asumiendo la responsabilidad de la paz y le planteó al Gobierno que teníamos que seguir buscando los caminos novedosos e imaginativos, para que esa paz fuera posible. Creo que el Gobierno de alguna manera nos entendió, o coincidió con nosotros en la necesidad de que la comandancia saliera, en una forma insólita, a conversar con todo el país. Nos abrimos a escenarios nuevos sobre los cuales hemos venido caminando; y el M-19 aceptó el desafío de competir en las condiciones más desiguales, pensando única y exclusivamente en el destino de todos los colombianos, por encima de los partidos, por encima de los odios de clase, por encima de las limitaciones políticas que nosotros encontramos todos los días al interior de los privilegios que tienen que ceder al interior de la vieja política colombiana.
Tenemos fe en lo que estamos construyendo, tenemos confianza en lo que se está montando en Colombia para la renovación de las costumbres políticas. Creemos en la decencia de este país; creemos en la posibilidad de recuperar el alma nacional y nos sentimos absolutamente satisfechos, totalmente orgullosos de lo que hemos venido construyendo. No tenemos nostalgia, no estamos mirando hacia atrás, no estamos mirando hacia el pasado, nos sentimos iluminados por los grandes hombres del M-19 a quienes rendimos hoy homenaje. Sabemos que somos hijos de Jaime Bateman, somos discípulos de Álvaro Fayad e Iván Marino Ospina; y llegamos a la paz porque es una exigencia del tiempo, llegamos al interior de todas las grandes revoluciones que se dieron en el siglo XX: La revolución de la justicia, encaminada en las luchas de las revoluciones socialistas del mundo moderno, y la revolución de la libertad, que hoy estamos viviendo en los países del este.
Llegamos al interior de esa búsqueda de los jóvenes de ser parte del futuro de Colombia. Llegamos amando a Colombia, llegamos con la certeza de que sí se pueden transitar otros caminos, siempre y cuando se salga de la indolencia, siempre y cuando se hable con franqueza, siempre y cuando volvamos a tener valores, volvamos a tener la bondad moral de la que hablaba el Ministro de Gobierno en un discurso en Cali, la única bonanza que nos podrá permitir construir un país en paz, construir nuestro desarrollo y sentirnos dignos.
Muchas gracias,
CARLOS PIZARRO LEÓN-GÓMEZ
Fuente: Villarraga Sarmiento, Álvaro, compilador y editor. (2009) Gobierno del Presidente Virgilio Barco 1989-1990. Se inician acuerdos parciales: pacto político con el M-19. Tomo 2 - Serie el Proceso de Paz en Colombia. Bogotá, Colombia: Fundación Cultura Democrática, FUCUDE

