Agosto 27 de 1984
Discurso televisado del presidente Belisario Betancur, (aparte)
La primera causa de nuestro actual sentimiento fatalista de la vida, ha sido el azote de la violencia por cerca de cuarenta años: dos generaciones han crecido a la sombra de terribles conflictos internos que causan la desolación de hogares, abandono de surcos y pérdida de energías que pudieran emplearse en tantas otras causas de mejoramiento de todos. Por eso mi primera misión como gobernante ha sido buscar la paz, expresión de una voluntad colectiva que ha comprendido la esterilidad de la violencia: y rechaza la «paz romana» y militar ni una paz de unos partidos contra otros partidos.
Muestra de ese fatalismo propio de nuestras costumbres, y que nuestro mejor novelista ha registrado en obras como las que vimos hace pocos días en la televisión.
«Tiempo para morir» es detenerse y complacerse en los males, en las dificultades, en las desgracias.
Digo esto, porque se repara mucho en el cúmulo de dificultades de los acuerdos con las FARC y sobre todo hace dos días con el M-19, el EPL y un sector del ADO. Pero se repara poco en el hecho de que a casi tres meses de la tregua con las FARC existen signos, no digamos definitivos, pero sí alentadores de que allí hay algo más que papel, hay un comienzo de paz. O se exaltan poco los progresos de paz en regiones que hasta hace poco sumidas en el caos, como el Magdalena Medio. Se propalan rumores negativos y se deja la sensación de que el gobierno tiene secretos que no conoce la gente y que detrás de cada renglón de los acuerdos firmados, podría esconderse un compromiso oculto, una supuesta cesión de soberanía, una inadmisible concesión.
Conviene aclarar de una vez por todas, que todo lo acordado está sobre la mesa: que ni se nos han hecho ni aceptaríamos propuestas al margen de la ley; que en los pactos de paz, el gobierno no entrega nada que sea esencial o accidental en la naturaleza de nuestro Estado: que dichos pactos son expresión de la fortaleza reflexiva, no de la debilidad del Gobierno; que mantenemos la mano tendida de la reconciliación, pero también la mano vigilante en la defensa de la seguridad de la gente, si persisten en la violencia o el secuestro o el delito en cualquier forma, grupos o individuos recalcitrantes.
Fuente: Villarraga Sarmiento, Álvaro, compilador y editor. (2009) Gobierno del Presidente Belisario Betancur 1982-1986. Tregua y cese al fuego bilateral FARC, EPL, M-19, ADO. Tomo 1 - Serie el Proceso de Paz en Colombia. Bogotá, Colombia: Fundación Cultura Democrática, FUCUDE

