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APOLOGÍA Y APOTEOSIS DE LA PAZ

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Abril 5 de 1986

 

Intervención del presidente Belisario Betancur en la Plaza de Bolívar de Florencia 

 

(…) EL ALTO COMISIONADO

 

Doy testimonio, Monseñor Serna Alzate, de su decisiva participación en las estrategias de paz y rehabilitación, de manera obstinada, atendiendo más los desafíos de la historia que a circunstanciales episodios. Su persistente labor, su consejo, su disciplina militante en el tropel de los pacíficos y solidarios, han sido apoyos irremplazables para el éxito de tales preocupaciones. En usted la vacilación, el pesimismo o el cálculo proclive, son situaciones absolutamente ajenas a su condición humana y religiosa.

 

Por eso mismo, su bienhechora presencia como Alto Comisionado para la Paz, Como Miembro de la Comisión de Paz, como abanderado de la paz, nos acompaña sin pausa ni fatiga.

 

LOS FRUTOS DE LA PAZ

 

Estamos cosechando los frutos de esa paz.

 

El Caquetá es ejemplo, como lo son el Magdalena Medio, el Urabá antioqueño, las extensas regiones de las serranías cordobesas; como lo son también, pese a esporádicos episodios violentos, las demás regiones del país.

 

Porque la paz no significa la desaparición absoluta del conflicto, ni la erradicación definitiva de las conductas violentas. La paz debe mirarse como un proceso, programa de victorias paulatinas, de avances y retrocesos; como la certidumbre de que nos espera el triunfo en la obsesión final por la consolidación de esa tranquilidad segura, de esa seguridad tranquila y respetable en que el que tenemos al frente o al lado, no es el enemigo sino el compañero. 

 

La paz es principalmente un estado del espíritu; la convergencia de la iniciativa estatal y privada para derrotar el atraso y la desigualdad, que conspiran contra la vigencia de esa dignidad. La constante citolegia a la niñez y a la juventud, a los padres y madres de familia, de que el estado natural de las sociedades debe ser, tiene que ser el respeto a la vida, al patrimonio de la cultura humana, a la armonía y los dones de la naturaleza.

 

Digamos enfáticamente: la paz es el único camino para que el ser humano sea plenamente él mismo, sea dignamente él mismo: para que vea en sus manos instrumento que siembra semilla que da fruto y no instrumento que destruye, no instrumento que mata. Porque es más hermoso el fruto que la muerte.

 

ITINERARIO DE LA PAZ

 

En los últimos veinte años hemos conocido muchas clases de protestas; hemos sabido de fines más recónditos y declaraciones públicas; hemos vivido desafíos, locas aventuras; también hemos visto la madurez y la sinceridad en muchos de los que protestan violentamente, para protestar en paz, por las vías del respeto a los demás, que es lo que hace que también a uno lo respeten, como acaba de verse en las elecciones en que escogimos libremente concejales, diputados, parlamentarios.

 

Hemos confrontado con altura y en el campo espacioso del debate democrático, ideologías y programas. Hemos sopesado serenamente, sin apartarnos un ápice de nuestros deberes constitucionales, propuestas de tregua y la vaga incertidumbre de una relación con el poder y la política. Hemos negociado allí donde la negociación no significa la ruptura del orden institucional y el deber irrenunciable de cuidar del orden público y la tranquilidad ciudadana.

 

Alcanzamos los logros previstos y afrontamos las dificultades a las que tampoco éramos ajenos. La inmensa mayoría del país nos acompaña en este proceso que los ha puesto a salvo, que lo ha protegido de la guerra civil generalizada y del colapso de las obras construidas con creadora devoción a lo largo de su existencia.

 

A veces el escepticismo habla del fracaso de la paz, como si en la lucha por la paz pudiera fracasarse. Como si en la lucha por la vida no fuese permitida la derrota. Como si cada día, cada hora, cada instante no fueran invitación a ganarse en paz el instante siguiente, la hora siguiente, el día siguiente, la vida de cada uno.

 

A veces no se miran loa avances, debido a la obnubilación de algunos, los menos, que todavía persisten en la aventura, y cuya reflexión seguimos esperando para oficiar de nuevo, juntos, unidos, en el altar de la patria, según la vieja figura literaria cuya tierna obsolescencia enternece como las enaguas de las abuelas.

 

Ni el escepticismo, ni la crítica inducida por la explicable atmósfera electoral, ningún obstáculo nos hará desfallecer en la búsqueda de la paz para Colombia y las naciones hermanas: porque su paz es también la nuestra.

 

LA REHABILITACIÓN

 

Obrando en concierto con esos predicamentos políticos e ideológicos de la no violencia, hemos producido magníficos resultados en el Plan Nacional de Rehabilitación, cuya realidad para 1986 está consolidada: durante este año, estamos ejecutando proyectos que ascienden a 36 mil millones de pesos, que sumados a las inversiones realizadas desde 1983 indican un gran total de casi 70 mil millones de pesos, sin considerar crédito interno ni externo, aportes de los gobiernos regionales y apoyos directos de la comunidad.

 

Estamos culminando exitosamente las negociaciones para garantizar con el Banco Mundial, créditos internacionales hasta por 200 millones de dólares que significará la culminación total de los objetivos del plan. Y esta tarde firmaremos en Cartagena el primer gran préstamo de la banca comercial internacional a un país de América Latina después de la crisis: un préstamo por mil millones de dólares, es decir doscientos mil millones de pesos que dejaremos para obras en beneficio del pueblo entero.

 

En la adquisición de tierras, titulación, otorgamiento de crédito agropecuario, planes de mercadeo, asistencia técnica agrícola, construcción de carreteras y caminos, programas de salud, vivienda, educación y capacitación, provisión de servicios públicos, acueductos y alcantarillados, organización de la comunidad, recursos a microempresarios, construcción y dotación de escuelas, defensa de los recursos naturales; en todos estos aspectos, el Plan Nacional de Rehabilitación entrega realizaciones concretas en todas las regiones antes afectadas por la violencia.

 

Diseñado para favorecer a más de 3 millones de colombianos, a 160 municipios y 14 departamentos, este programas redentor tiene asegurada su financiación y ha recibido por parte del gobierno la más alta prioridad. Son las obras para la paz, el desarrollo y la viabilidad económica y social. 

 

 

Fuente: Villarraga Sarmiento, Álvaro, compilador y editor. (2009) Gobierno del Presidente Belisario Betancur 1982-1986. Tregua y cese al fuego bilateral FARC, EPL, M-19, ADO. Tomo 1 - Serie el Proceso de Paz en Colombia. Bogotá, Colombia: Fundación Cultura Democrática, FUCUDE

 

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