LEVANTO UNA BANDERA BLANCA DE PAZ

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Agosto 7 de 1982

 

Discurso de posesión del presidente Belisario Betancur, (aparte)

 

Levanto una blanca bandera de paz para ofrecerla a todos mis compatriotas. Tiendo mi mano a los alzados en armas para que se incorporen al ejercicio pleno de sus derechos, en el amplio marco de la decisión que tomen las Cámaras. Les declaro la paz a mis conciudadanos sin distinción alguna: ¡a esa tarea prioritaria me consagro porque necesitamos esa paz colombiana para cuidarla como se cuida el árbol que convocará bajo sus gajos abiertos a toda la familia nacional!

 

Quiero que me acompañen a recuperar los símbolos de la patria. Que nos inclinemos con respeto ante la bandera llevada por los vientos del valor sobre los campos de batalla, sacudida por las ráfagas de la inteligencia en los recintos de las ideas y sostenida con firmeza en los monumentos de la historia. Que sepamos cantar con voz trémula y estremecido corazón el Himno Nacional. Que amemos nuestro escudo y veamos en él la heráldica gloriosa de ésta tierra; y que esos símbolos nos hablen de Colombia, nos repitan su bello nombre y nos hagan sentir el compromiso de esa herida herencial que se llama Colombia, según dijera Carranza, nuestro poeta. 

 

Colombianos: volvamos a pensar en Colombia, amar a Colombia, a trabajar por Colombia. En otro oscuro momento de una gran nación asediada por el desastre pero transida de esperanza, lo que un gran líder le dijo a su pueblo se lo digo yo al mío: «El país pide acción y acción ahora». Yo invito a mi pueblo a que la emprendamos ya. 

 

Colombianos, con los brazos abiertos, la Patria nos espera. No la dejemos esperando. Salgamos a su encuentro.

 

¡El Dios de mis mayores que es el Dios de Colombia, me dé sus luces y la fortaleza para cumplir el juramento que acabo de prestar! 

 

Así podremos lograr la paz que todos anhelamos, centro de mi campaña nacional y meta de nuestro desvelo; una paz sin retaliaciones ni vindictas; una paz que incorpore a todos los colombianos en la actividad ciudadana y les dé la posibilidad de realizarse económica y socialmente, y de participar en la vida democrática; una paz que garantice el pleno ejercicio de los derechos y al mismo tiempo demande el cumplimiento de las obligaciones; una paz que sea fundamento de la seguridad colectiva, que rescate la convivencia y la justicia, que permita establecer una demarcación entre la confrontación política desviada de sus cauces normales y cualquiera de las modalidades del delito. Levanto ante el pueblo de Colombia, una alta y blanca bandera de paz: la levanto ante los oprimidos, la levanto ante los perseguidos, la levanto ante los alzados en armas, levanto la blanca bandera de la paz ante mis compatriotas de todos los partidos y de los sin partido, de todas las regiones, de todas las procedencias. No quiero que se derrame una sola gota más de sangre colombiana de nuestros soldados abnegados ni de nuestros campesinos inocentes, ni de los obcecados, ni una gota más de sangre hermana.

 

¡Ni una sola gota más!

 

La violencia, la inseguridad, la corrupción y la desidia van de la mano del miedo, de la injusticia, del hambre, del desempleo; pero también del olvido de los valores morales y del repudio de las normas jurídicas. Por eso es preciso una purificación de la gestión pública, el retorno de la confianza en las instituciones privadas, el afianzamiento de los valores que han sido orgullo de la nacionalidad y que hemos olvidado en momentos de angustia o desvío, lamentablemente frecuentes en los últimos tiempos; tiempos oscuros que tenemos la obligación de despejar con rectitud, con la pedagogía de la humildad, del diálogo y en la tolerancia en la conducción de los negocios del Estado. Porque de un poder lejano y arrogante, nacen la degradación de la sociedad y los peores atropellos a las personas.

 

Nuestra patria está enferma. Nuestra patria padece problemas que, como la concentración del ingreso, atentan contra la democracia y contra la dignidad humana; problemas que, como el desempleo, son consecuencia de la ineptitud del Estado y de la incapacidad de la sociedad para dirigir sus energías y movilizar sus recursos; problemas cómo la desorientación de la educación y el mal empleo de las inversiones para programas que mantienen el mismo número de analfabetos y un número creciente de profesionales desempleados; problemas como la parálisis de la industria y el adormecimiento de los campos; problemas como la falta de un techo así sea modesto, para millones de compatriotas.

 

BELISARIO BETANCUR

 

 

Fuente: Villarraga Sarmiento, Álvaro, compilador y editor. (2009) Gobierno del Presidente Belisario Betancur 1982-1986. Tregua y cese al fuego bilateral FARC, EPL, M-19, ADO. Tomo 1 - Serie el Proceso de Paz en Colombia. Bogotá, Colombia: Fundación Cultura Democrática, FUCUDE

 

 

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