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- Proceso de paz con el M-19
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COMUNICADO DEL M-19: MANTENERSE EN PIE DE GUERRA ES HOY MÁS FÁCIL QUE ABRIRLE PASO A LA PAZ
Septiembre 27 de 1989
Mantenerse en pie de guerra es hoy más fácil que abrirle paso a la paz. Pero en un país despedazado por tantas guerras y fracturado entre muchos poderes, alguien tiene que empezar. Hemos asumido este proceso sabiendo que nuestro esfuerzo es parcial y que este no es el único camino a la paz. Nuestro primer reto es romper el escepticismo, la incertidumbre y el sentimiento de impotencia en los colombianos. Somos conscientes de que lo nuevo e insólito siempre despierta incomprensión y duda. Por eso, dejar las armas se ve como locura e ingenuidad. Pero elegimos hoy este camino porque estamos seguros de que la gran mayoría de colombianos necesitamos la paz. Queremos dejar de esperarla. No una paz cualquiera. No la paz de la intimidación, ni del silencio y la soledad.
Necesitamos un país en movimiento, expresando sus sentimientos, luchando por sus ideales, concertando con libertad las soluciones. Esta vez hemos decidido desarmar nuestras estructuras militares para dotarnos de más eficacia política. No entregaremos una sola arma al Gobierno. Nuestras armas representan una historia de lucha, de compromiso, de sacrificios: patrimonio del M-19 y de todos sus combatientes. Para ellas hemos acordado un destino digno. Nuestra mayor victoria no es la negociación con el Gobierno. Nuestra mayor victoria es haber vencido el miedo a dejar las armas para asumir los riesgos de la paz.
Hemos conseguido un REFERENDO. Nuevamente, después de 32 años, los colombianos tendremos un mecanismo para decidir un camino de renovación. Nos comprometemos a defender hasta el final su contenido de paz. Y todo el país debe darle un rotundo SÍ A LA PAZ. El referendo nos da unas garantías mínimas para el ejercicio político. Nos convertiremos en un movimiento legal, y con nuestra participación en las elecciones iremos recobrando con los colombianos este instrumento democrático tan envilecido por la mezquindad oligárquica. Sabemos que la mayoría de ciudadanos tiene las manos limpias. Con ellas y entre todos llenaremos la política de nuevos valores y costumbres.
Hay razones para creer que la paz es posible.
No hemos estado ni estamos solos. Desconocido para muchos, pero no por eso menos importante, el trabajo realizado en las mesas de paz ha sido un punto de acuerdo entre fuerzas sociales y políticas. En intensa y fructífera labor se lograron consensos y fórmulas positivas frente a los principales problemas del país. Allí encontramos a militares en uso de retiro con disposición de contribuir en la solución del conflicto armado. Sentimos en la clase empresarial la posibilidad de concertar caminos de progreso regional. Hemos conocido en las fuerzas armadas actitudes de respeto que esperamos se amplíen y profundicen. En la Coordinadora Guerrillera SIMÓN BOLIVAR existen diferentes iniciativas de diálogo y tregua que abren un marco de posibilidades, porque en la búsqueda permanente y en el acercamiento diverso a una solución política siempre nace algo nuevo. Y la paz exige hoy mucho de novedad.
La guerra contra el narcotráfico es un conflicto central de este gobierno. No estamos de acuerdo en la forma en que se ha asumido, despedazando la soberanía de la justicia y condenándonos a la impotencia. El M-19 cree necesario que se acabe el narcotráfico, por los daños a la salud y dignidad del hombre, por sus secuelas de violencia y corrupción y por las distorsiones económicas que genera. Pero planteamos soluciones integrales y autónomas. Hemos consultado a congresistas, a hombres de negocio y a los propios narcotraficantes, para arrojar una propuesta de solución que el país debe conocer y debatir.
1. Punto de partida: nombramiento de una comisión que explore la voluntad de negociación con los principales implicados en el narcotráfico, siempre que estos decidan suspender los atentados.
2. Bases para una negociación: el inicio de conversaciones se haría con quienes estén dispuestos a los siguientes compromisos:
a) Desmonte total de la infraestructura para el procesamiento y transporte de la droga.
b) Financiación para planes de desarrollo en zonas de cultivo que permitan su progresiva sustitución.
c) Financiamiento de un plan de industrialización, tecnificación y comercialización agropecuaria.
d) Financiamiento de una campaña para la erradicación del consumo interno.
e) Desmonte de sus estructuras armadas.
f) No participación como gremio en actividades políticas.
3. Garantías para quienes acojan estos compromisos:
a) Que la infraestructura entregada voluntariamente sea destinada a entidades de bienestar y desarrollo social, tanto nacionales como internacionales.
b) Garantía de seguridad para quienes se comprometan a desmontar sus estructuras armadas, para que, una vez realizado, las armas corran similar suerte a la de los grupos guerrilleros desmovilizados.
c) Suspensión de toda petición de extradición. Indulto para quienes cumplan los compromisos surgidos de esta negociación.
d) Una veeduría multinacional para supervisar el proceso de desmonte de la economía del narcotráfico y del desarrollo de la negociación.
Hay que convertir la paz en la primera empresa democrática del país.
Todos debemos ser sus accionistas. Y hacer que ella irradie todas las instituciones, todas las actividades y relaciones humanas. Para eso se necesita voluntad y recursos. Y un gobierno que no sólo negocie sino lidere la paz, encontrando en la concertación la solución rápida y eficaz a los problemas. Necesitamos un Estado que respete y haga respetar los derechos humanos. Que garantice y promueva el ejercicio ciudadano. Que acepte el pluralismo de una nación diversa que no cabe en los partidos de siempre. Un Estado que ni aplique ni tolere la eutanasia social y política como falso remedio para la insurgencia y las desigualdades. Porque en últimas lo que ya no le sirve a Colombia es una manera de gobernar excluyente y soberbia, y un modo de vida insolidario. Es eso lo que nos está matando. Apuremos todos nuestros pasos hacia una nueva forma de vivir: participativa, tolerante, democrática. El mejor discurso de la paz serán los hechos; la mejor publicidad sus logros grandes y pequeños, nacionales y locales, cotidianos, individuales y colectivos.
Por una paz integral
Vamos a trabajar por una paz completa, es decir, que haya coherencia entre la democracia que queremos y cómo pelearla y construirla. Entre lo que se dice, se hace y cómo se hace. Queremos una paz limpia y sin engaños. Que lo prometido en la protesta ciudadana, en la lucha social y en los acuerdos políticos se cumpla. Haremos una paz nuestra, creadora. Si sabemos encontrar en nuestra gente y en los recursos de nuestra tierra y cultura la solución a nuestras necesidades y aspiraciones. Si hacemos de nuestra diversidad fuente de riqueza e integración. Los colombianos somos el pueblo de la iniciativa y de la supervivencia. Y éstas, al servicio de la construcción y la gestión colectivas, obran milagros. La queremos solidaria. Porque antes que representar y defender gremios, ideologías, credos, partidos, etnias y clases, tenemos que asumirnos colombianos y recuperar los lazos de la unión, el apoyo y la cooperación en una nación donde cabemos todos.
ESA ES LA COLOMBIA QUE QUEREMOS, PORQUE QUEREMOS A COLOMBIA
Por el M-19, su comandancia: CARLOS PIZARRO LEÓN-GÓMEZ, Comandante General. ANTONIO
NAVARRO WOLF, OTTY PATIÑO, GERMÁN ROJAS NIÑO.
Fuente: Villarraga Sarmiento, Álvaro, compilador y editor. (2009) Gobierno del Presidente Virgilo Barco 1986-1990. Se inician acuerdos parciales, pacto político con el M-19. Tomo 2 - Serie el Proceso de Paz en Colombia. Bogotá, Colombia: Fundación Cultura Democrática, FUCUDE

