Julio 17 de 1989
Sin duda la paz lleva prisa. Hemos coincidido todos en la importancia de sortear los riesgos de procesos políticos infinitos, por cuanto, a la vez que desgastan a los protagonistas, agotan las esperanzas colombianas de reconciliación. Es por esto que en la Mesa de Trabajo, en las Mesas de Análisis y Concertación y en los distintos diálogos sostenidos, hemos buscado un encuentro transparente de las voluntades políticas que permitan avanzar en la dirección de una paz real, estable y convocante. Los éxitos de la política de paz, impulsada desde el 10 de enero, son relevantes. En las manos de los protagonistas en la Mesa de Trabajo y en todos los convocados en la declaración conjunta del Tolima está reunido un bloque de consensos, al interior de los cuales nos será más fácil construir un gran pacto político. Acuerdo que debe proyectar la nación colombiana a un gran acto democrático en el cual el pueblo, al tiempo que recupera su soberanía, nos entrega un auténtico mandato de paz y democracia.
El referendo ha de entregarnos la clave para salir del laberinto de las armas que ha sido y es nuestra actual historia. Refrendar los hallazgos de la paz y dejarlos en firme para el futuro de los colombianos, es el único procedimiento que nos dará la certeza moral de unas nuevas reglas de juego -por fuera de las cuales todo ejercicio de la violencia habrá perdido justificación -y nos habilitará a todos para asumir la defensa del nuevo orden social nacido del pueblo en consenso y democracia. Con la búsqueda de esta consulta popular, recogemos la más sentida de las aspiraciones colombianas y el más fuerte de los consensos labrados en la Mesas de Análisis y Concertación. Es propuesta que permite ingresar en un dinámico procesos hacia la paz al conjunto de la Coordinadora Guerrillera. Es, pues, un compromiso histórico y moral de quienes participamos en la Mesa de Trabajo forjar los acuerdos sustanciales del proyecto de ley que el Gobierno presentaría con carácter de urgencia, para su trámite en el Congreso. Este, a su vez, tendría en sus manos la aprobación del artículo 87 de la reforma constitucional en curso, a la mayor brevedad, y la adopción del proyecto de ley antes mencionado.
El M-19 no elude la cuota de responsabilidad que posee en el actual proceso de paz. No teme a la desmovilización y, en los términos de una democracia incluyente y perfeccionable, ve absolutamente deseable su reintegro a la normalidad ciudadana. Pero sobre nuestra particular perspectiva, se impone la tarea de agenciar una paz que no se desintegre ante los coletazos de los escépticos de todos los bandos. Por ello, nuestro destino está en las manos del supremo mandante de Colombia, el pueblo. El proyecto de paz nos trasciende como pueblo y como nación, es la humanidad la que establece las nuevas coordenadas para superar las disputas y contradicciones hasta ayer insolubles. Nos asiste, entonces, la razón de la historia y la fe en el único camino deseable. Por estas razones hacemos pública invitación a todas las fuerzas de la República y en especial a la Coordinadora Guerrillera «Simón Bolívar», a constituirse en parte de los acuerdos y contribuir con su concurso a una paz menos costosa y más colombiana. Es evidente que con las conclusiones obtenidas en las Mesas de Análisis y Concertación encontramos la llave para la paz, ahora se trata de abrir las puertas entre todos
Fuente: Villarraga Sarmiento, Álvaro, compilador y editor. (2009) Gobierno del Presidente Virgilo Barco 1986-1990. Se inician acuerdos parciales, pacto político con el M-19. Tomo 2 - Serie el Proceso de Paz en Colombia. Bogotá, Colombia: Fundación Cultura Democrática, FUCUDE

