PALABRAS DEL DIRECTORIO DEL PARTIDO SOCIAL CONSERVADOR: LA PAZ DEBE SER INTEGRAL Y NO EXCLUYENTE, INSTALACIÓN DE LAS MESAS DE TRABAJO

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Abril 3 de 1989

 

Hemos aceptado participar en las denominadas «mesas de trabajo» con el M-19 como un compromiso con la propia historia de nuestra colectividad; dentro del criterio, muchas veces expresado, de que la paz debe ser integral y no excluyente; y para contribuir, sin ingenuidad y sin soberbia, a explorar nuevamente los caminos de la reconciliación nacional, que es la primera obligación en la Colombia de hoy. Sabemos que no vamos a tratar con ángeles; y no pretenderemos creer que ya son apasionados de la paz los actores de la guerra de ayer y de hoy. Pero todos somos parte del conflicto, o somos el conflicto, o padecemos el conflicto. Y no hay manera civilizada o práctica de arreglarlo sino dialogando entre los actores - activos o pasivos - de ese mismo conflicto.

 

Está demasiado analizada la múltiple e intensa violencia colombiana; es reconocida la extensión y profundidad de la corrupción; la llamada oposición sufre la persecución organizada de los dueños del Gobierno, que han convertido a la administración - por definición neutral - en factor determinante del poder político. Es decir, no hay garantías para la vida, no hay garantías para las opiniones, ni para el periodismo; no hay garantías para el ejercicio de la política. Frente a estos fenómenos hay un Estado débil, incapaz de utilizar con eficacia sus propios instrumentos para combatir y acabar los males señalados. Casi que podrían exclamarse, como el rey prusiano, que la ley y la Constitución, por inaplicadas, son un simple pedazo de papel.

 

Por esa democracia frágil, pero nuestra, es que pensamos que la paz debe ser el producto de una nueva democracia. Una nueva democracia de la justicia social, de la autoridad, de la libertad. A nuestra colectividad, el Partido Social Conservador, no se le puede buscar entre los fundamentalistas del autoritarismo, ni entre los anarquistas del libertinaje. Concebimos la autoridad para el orden y, al orden como el ejercicio pacífico de la libertad. Esa nueva democracia debemos construirla entre todos y, por supuesto, con la participación ampliada del pueblo colombiano. Por eso, deseamos y solicitamos el mayor esfuerzo del Gobierno para que la presencia de otros partidos y de estamentos como la Iglesia, los gremios de la producción y el trabajo, las universidades, sea permanente y no esporádica. Por eso, hemos dicho que el diálogo debe extenderse a todos los sectores de la subversión armada, para lo cual deben, de parte y parte, propiciarse las circunstancias que lo hagan posible, como se ha logrado, afortunadamente, con el M-19.

 

Por eso, sin duda alguna, le hemos dicho al Gobierno, al fin y al cabo la contraparte, que lidere este proceso. Del Gobierno deben partir las iniciativas, las primeras acciones, las primeras soluciones y debe ser siempre el primer comprometido. El señor Presidente

Barco sabe que en este empeño patriótico Colombia cuenta con nosotros, cuenta con el Partido Social Conservador. Y, como una nueva democracia debe tener su origen y fundamento en el pueblo, hemos acogido la propuesta del ex presidente Pastrana de someter a referéndum las soluciones que se acuerden. Sí, es cierto, que el referéndum es apenas un procedimiento. Pero es un procedimiento que implica la decisión política de consultar con los ciudadanos. Es, por lo tanto, una inmensa solución democrática.

 

Como dijimos inicialmente que actuaremos sin ingenuidades, no cometeremos la utopía de traer una especie de listado de propuestas. Hay muchas en el ambiente. Es muy cierto que Colombia está sobre-diagnosticada. Recientemente, desde sus profundas reflexiones, Alvaro Gómez ha sometido varias a consideración de los colombianos. Las experiencias del pasado, y las angustias del presente, nos deben señalar las rutas del porvenir. Poco a poco, en este diálogo esperanzador que se inicia, iremos contribuyendo con nuestras ideas, y con el análisis desprevenido de las ideas de los demás, a perfilar esa nueva democracia que anhelamos. Esa es nuestra clara posición, que asumimos conscientes de nuestra obligación de transitorios personeros de un partido situado en la historia de Colombia. Y sobre cuya prístina y noble actitud no se tiene por nadie el derecho de señalar dudas, como tampoco en la de sus hombres representativos.

 

El Gobierno, con la totalidad de los elementos de juicio en este proceso, es el mayor obligado a combatir la desinformación. Esta arma propia de los «halcones», que siempre existirán; o de los «aduladores del príncipe», que siempre existirán, no puede combatirse con el expediente simplista de la infiltración de periodistas o de la filtración de documentos. La nobleza de nuestra conducta espera actitud similar de todos los interlocutores. Así pues, ya nos sentimos participando en la nueva búsqueda de la paz. Allí estaremos anhelantes y observando el diario acontecer. Estamos dispuestos a dialogar para aportar nuestro modesto grano de arena. Y no entenderíamos que los demás dialogaran aquí y dispararan en los campos. Y no entenderíamos que el Gobierno, que ha propiciado este escenario, se convierta, en otros escenarios, en instrumento contra nuestra colectividad.

 

Las garantías tienen que darse, tanto para los que ya estamos en política, como para quienes intentan ingresar a la vida civil. Nada de esto es fácil. Hay amigos de la paz. Y hay enemigos de la paz. Hemos vivido en el pasado una especie de doble juego. Y lo sabemos. Pero, si ahora no logramos la paz, ¿cuál es el porvenir que nos espera? Por eso, Belisario Betancur, ese gran guerrero de la paz, decía que no es la hora de la ira, sino de la armonía y que para lograrla, repetía con Naipul, «no nos queda más camino que seguir adelante».

 

 

Fuente: Villarraga Sarmiento, Álvaro, compilador y editor. (2009) Gobierno del Presidente Virgilo Barco 1986-1990. Se inician acuerdos parciales, pacto político con el M-19. Tomo 2 - Serie el Proceso de Paz en Colombia. Bogotá, Colombia: Fundación Cultura Democrática, FUCUDE

 

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