Transcripción
Marzo 9 de 1990
El de hoy es un gran día para Colombia. Por primera vez en más de cuarenta años de una guerra cruel, incesante y que en ocasiones se ha librado con devastadora intensidad en los más imprevistos frentes, un grupo alzado en armas se desmoviliza para incorporarse a la vida civil, tras haber hecho entrega de sus elementos de combate a una organización internacional de altísima y significativa representatividad política.
Ese solo hecho, así concisamente descrito, bastaría para hacer una fecha memorable, cualquiera que fuese el momento de nuestra historia en que hubiese tenido ocurrencia. No es poca cosa para un país que ha buscado la paz tan ansiosamente como el nuestro, que al cabo de tantos años de luchas sangrientas se invierta una constante terrible. Y que empiece al fin a reducirse la lista de los combatientes iracundos y a acrecentarse la de los buenos ciudadanos. Sin embargo, lo que quizás mayor trascendencia le da a este acontecimiento es el que se produzca precisamente ahora, y aquí, como un testimonio más, y probablemente no el menos elocuente en un país y en un hemisferio que la practicaron tantas veces, de que la guerra ha perdido ya todo sentido; de que es impracticable como vía hacia el poder y de que no es el producto inevitable de una ley de la historia sino la azarosa consecuencia de la arrogancia, del egoísmo, de la ignorancia o del error.
El que se haya entendido así, y tan a tiempo, es quizás lo que más honra a los protagonistas de este acto, los hombres y mujeres del M-19 que hoy protocolizan su voluntad de paz y que al decidirlo así, se hacen merecedores al respeto y a la gratitud de sus compatriotas, cansados ya como ellos de este desangre inútil. Y confiados en que su ejemplo persuada a quienes se obstinan en seguirlo provocando, a ponerle fin a su acción insensata, que ya no está avalada en ninguna consideración política valedera, que nadie respalda y justifica y que cada día los aísla más de un país que abomina la violencia porque ha constatado en décadas de inenarrable sufrimiento, toda su aterradora esterilidad.
El gobierno del Presidente Barco, que diseñó y puso en marcha la iniciativa de paz que hizo posible el proceso de acercamiento con el M-19 que hoy culmina, no ve razón alguna que impida a otras organizaciones alzadas en armas acogerse a ella, si es que en verdad están interesados en la paz, como lo proclaman en los manifiestos y mensajes que profusamente divulgan y que desafortunadamente, es forma sistemática, acaban por ser desmentidos por la sañuda elocuencia de los hechos. Ciertamente, esa iniciativa de paz, como ahora mismo lo estamos viendo, no les impone condiciones humillantes a quienes se acogen a ella. Les exige, sí, que se sometan al conjunto de obligaciones que son comunes a todos los colombianos, entre otras cosas para que puedan ser usufructuarios a plenitud de todos sus derechos. Les exige desarmarse, para que puedan participar en la vida pública sin ser agredidos por sus adversarios por hacerlo; se les exige respetar a las autoridades, para que puedan aspirar a ser ellos alguna vez autoridad respetada. Les exige acatar los fallos de la justicia, para que se les haga justicia cuando así lo demanden; les exige, en fin, no violar las leyes, para que puedan proponer otras mejores y recibir la garantía de que esas tampoco podrán ser violadas. A eso, simple pero fundamental al tiempo, se reduce el plan de paz del Gobierno nacional, que aquí, precisamente, ante testigos tan eminentes de naciones amigas, está demostrando su bondad. Y no puede haber otro distinto, no sólo por esa razón, la de su comprobada eficacia, sino porque resumen la voluntad de la nación expresada en su Constitución y sus leyes, en las que se basa escrupulosamente, y que no pueden ser negociadas. Esa iniciativa no se agota con el acto patriótico del M-19 que estamos presenciando. Ahí está para que otras organizaciones guerrilleras la acojan y se haga la paz en Colombia.
Quiero, finalmente en nombre del Gobierno nacional, agradecer a todos los que han hecho posible este acontecimiento inmensamente positivo para el futuro del país. A los partidos políticos y a sus jefes; a la Iglesia católica, tutora moral de proceso; a quienes participaron con optimismo y fe inquebrantables en las mesas de concertación y trabajo. Y en forma muy especial al señor Consejero para la Paz, doctor Rafael Pardo, al señor Viceministro de Gobierno, doctor José Noé Ríos, y a quienes con ellos trabajaron tan intensa, dura y silenciosamente para que no naufragara en un tempestuoso mar de incomprensiones, malentendidos y suspicacias una hermosa esperanza. Igualmente, quiero destacar la generosa actitud de la Internacional Socialista y de sus delegados, hoy con nosotros. Gracias a su gestión hoy podemos invitar a nuestros compatriotas del M-19 a trabajar inermes y pacíficamente, por una sociedad más justa, más democrática y, sobre todo, más nuestra.
Conciudadanos del M-19: En nombre de la patria ¡bienvenidos a la paz!
Fuente: Villarraga Sarmiento, Álvaro, compilador y editor. (2009) Gobierno del Presidente Virgilio Barco 1989-1990. Se inician acuerdos parciales: pacto político con el M-19. Tomo 2 - Serie el Proceso de Paz en Colombia. Bogotá, Colombia: Fundación Cultura Democrática, FUCUDE

