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LA OLIGARQUÍA PREFIRIÓ ARRASAR EL PODER JUDICIAL, LO QUE EL GOBIERNO DE BELISARIO BETANCUR NO QUISO QUE SE SUPIERA

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Noviembre 6 de 1985

 

Comunicado del M-19 

 

Hoy la oligarquía prefirió arrasar el poder judicial, antes que permitir que el pueblo colombiano expresara la verdad sobre el incumplimiento de las promesas presidenciales y la traición a los acuerdos de paz.

 

Colombia presenció atónita cómo la rama ejecutiva del poder arrasaba a sangre y fuego al poder judicial, con el pretexto de defender las instituciones.

 

Hoy se demostró una vez más, que es imposible la convivencia pacífica entre una oligarquía prepotente y guerrerista, y un pueblo que para luchar por sus derechos tiene que asumir el único camino posible: el del combate.

 

La paz solamente se asegurará con la victoria del pueblo.

 

Los combatientes de la compañía Iván Marino Ospina con su sangre, con su vida, con su heroísmo, así lo consignaron de manera definitiva en la operación Antonio Nariño por los Derechos del Hombre.

 

Cumplieron.

 

Queda así de nuevo claro, para Colombia y para el mundo, hoy y siempre, que mientras el gobierno de las oligarquías es incumplimiento y traición, el M-19 es promesa cumplida y lealtad inquebrantable. Mientras las armas de la oligarquía arrasan con la justicia y la paz, las armas del M-19, que son las armas del pueblo, son el signo y el sostén de la paz con justicia.

 

Nadie puede olvidar a esos hombres que iluminados con la esperanza de una patria nueva, se tomaron el 6 de noviembre la Corte Suprema de Justicia para enjuiciar desde allí a un gobierno inepto y traidor.

 

Desde todos los rincones de la patria se levantan hoy los puños acusadores de miles de Luchos, Andreses, de Alfonsos, de Guillermos, de Patricias, de Lázaros, Arieles, José Domingos, Césares, Claudias,… dispuestos a empuñar las armas de los que hoy con su sangre derramada, han dictado una sentencia irrevocable de condena a las decadentes, corruptas y perversas instituciones, de una oligarquía que no merece llamarse colombiana.

 

En la Corte queda la sangre de colombianos que prefieren la dignidad del combate desigual, a la rendición humillante.

 

La sangre de los magistrados asesinados por las Fuerzas Armadas de la oligarquía, es acusación permanente contra una clase dirigente asesina y demencial, que ha hecho del abuso del poder la razón de su existencia. Que esta demanda sea el grito de los hoy sacrificados y el resplandor de una nueva vida.

 

Que los hipócritas lamentos de Betancur por su macabro genocidio sean las voces con que abre su sepultura política.

 

Que el verdugo de Santa Bárbara y hoy de todo el pueblo Colombiano no esconda más su cobardía en mentidos plebiscitos de adhesión. En esta hora y para siempre les cubre, a él y a su clase, el repudio universal de los oprimidos.

 

Fuente: Villarraga Sarmiento, Álvaro, compilador y editor. (2009) Gobierno del Presidente Belisario Betancur 1982-1986. Tregua y cese al fuego bilateral FARC, EPL, M-19, ADO. Tomo 1 - Serie el Proceso de Paz en Colombia. Bogotá, Colombia: Fundación Cultura Democrática, FUCUDE

 

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