Diálogos de paz del Caguán 1998-2001

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1998 

   

La dinámica del conflicto armado al finalizar la década de 1990 se tornaba cada vez más cruenta y violenta, tanto la insurgencia del ELN como la de las FARC fueron pasando de la guerra de guerrillas y movimientos a una guerra de posiciones, al mismo tiempo, estructuras paramilitares herederas de la violencia narcoterrorista y antisubversiva de los ochentas se hacían más fuertes en el centro y norte del país, dejando tras de sí una estela de desolación y muerte.

El frente político no dejaba de ser peor, las acusaciones contra el presidente Samper por la financiación de su campaña presidencial con dineros del cartel de Cali derivó en una crisis política sin precedentes en la historia política de la nación, su administración literalmente se paralizó al tiempo que las relaciones de Colombia con los Estados Unidos y la comunidad internacional se degradaron a niveles insospechados dada la reputación internacional del país.

En ese contexto se presentan las elecciones presidenciales del año 1998, con una guerra in crescendo y con un sistema político volátil donde la agenda se centraba en la paz y en el deslindamiento de las relaciones entre política y drogas, dos candidatos, Horacio Serpa y Andrés Pastrana compiten por ocupar el solio de Bolívar en el Palacio de Nariño en la que sería la última presidencia del siglo XX y la primera del nuevo milenio.

El proceso de paz con el ELN marchaba entre turbulencias y crisis mientras que con las FARC no se habían adelantado acercamientos relevantes desde Tlaxcala y Caracas, (salvo por la iniciativa de Juan Manuel Santos en 1997) por lo demás, la violencia alcanzaba niveles intolerables y el país reclamaba soluciones definitivas en lo concerniente a la paz, de modo tal que la campaña presidencial gravitó alrededor de los temas de la paz y la guerra al tiempo que la crisis del UPAC empezaba a asomarse en el sector financiero y la política preocupaba por la volatilidad generada por el proceso 8000.

La campaña presidencial se desarrolló en medio de la tensión entre los candidatos más opcionados, en mayo había ganado el candidato liberal Horacio Serpa por estrecho margen sobre Andrés Pastrana y Nohemí Sanín, para la segunda vuelta, la campaña de Pastrana con los oficios de intermediación de Álvaro Leyva, se logró establecer contacto con Manuel Marulanda, líder de las FARC, al punto que se estableció un encuentro en junio días antes del balotaje, el efecto de esa reunión derivó en la victoria del líder conservador y en la apertura de un nuevo proceso de paz con dicha insurgencia.

El proceso de paz del Caguán como se conocería este proceso, estuvo condicionado a la creación de una zona de distensión cuya extensión alcanzaba 42000 kilómetros correspondientes a los municipios de La Uribe, Macarena, Mesetas y Vistahermosa en el departamento del Meta y San Vicente del Caguán en el departamento de Caquetá, dicha zona tenía como propósito la concentración de la guerrilla y su equipo negociador al tiempo que sería la sede de la mesa de negociaciones con el gobierno nacional.

A pesar del júbilo alcanzado tras la victoria de Pastrana y su política de paz, el proceso tuvo dificultades desde el principio por cuenta del establecimiento de la zona de distensión cuando las partes se enfrentaron por la presencia de 130 soldados adscritos al batallón cazadores en la zona desmilitarizada, este primer impasse del proceso sería el primero de una cadena de situaciones volátiles y tensas que hicieron farragoso el desarrollo de las conversaciones de paz.

El incidente del batallón cazadores se superaría en noviembre de 1998 y en lo sucesivo se comenzaron a desarrollar la metodología y agenda de la negociación, incluso otros actores armados como las Autodefensas Unidas de Colombia enviaron una propuesta en diciembre del mismo año para abrir el numero de jugadores en la mesa y dar cabida a todos los factores de violencia en ella. En ese mismo mes se adelantan reuniones en Costa Rica entre Raúl Reyes,  el comisionado de paz Víctor G Ricardo, y representantes del departamento de Estado de los Estados Unidos a instancias de Álvaro Leyva con el propósito de tratar el tema del narcotráfico dentro de los componentes de la negociación.

Las conversaciones se habían pactado para tener inicio el 7 de enero de 1999 en la zona de distensión, pero en lugar de ello tuvo lugar el incidente conocido como la silla vacía en el que el líder de las FARC, Manuel Marulanda no asiste, de acuerdo con su versión a que no existían las garantías de seguridad para su presencia ese día, ese gesto fue recibido por la opinión pública como un mal augurio para el inicio de las conversaciones.

En líneas generales el proceso tuvo muchos contratiempos desde el punto de vista político y metodológico, los observadores políticos de la época denunciaban la improvisación de las partes para adelantar un proceso de negociaciones serio y claro, igualmente grave fue el principio de negociar en medio del conflicto dado que no fueron pocos los incidentes violentos entre los actores, hechos como el asesinato de los indigenistas norteamericanos en febrero de 1999 o el collar bomba del año 2000, el asesinato de Consuelo Araujo y Diego Turbay Cote o los secuestros de Oscar Tulio Lizcano, Ingrid Betancourt y del avión de Aires crearon un ambiente de desconfianza mutuo entre las partes que evitó la fluidez de los diálogos esperados por el país.

Desde el punto de vista de la agenda de negociaciones, la cual se conoció como la “Política de paz para el cambio” abordaba diez nodos temáticos para su desarrollo, el primero de ellos estaba circunscrito a los derechos humanos, la humanización de la guerra, la búsqueda de un cese al fuego y a la terminación del secuestro como expresión de la insurrección.

Los otros puntos de la agenda abordan la perspectiva económica (lucha contra la violencia y la marginación social); una reforma política (separación de poderes, lucha contra la corrupción, mayor autonomía de los territorios, purificación de la praxis política); el narcotráfico (desarrollo alternativo, sustitución de cultivos ilícitos, inversiones en el campo, desarrollo del agro); la protección al medio ambiente (modelos de desarrollo sostenible).

Igualmente se trataron temas como la justicia (mejoramiento de la rama judicial, lucha contra la impunidad y garantía de los derechos humanos); una reforma agraria (búsqueda de una adecuada redistribución de la tierra y mejoramiento de las condiciones de los campesinos); lucha contra el paramilitarismo (búsqueda del monopolio de la fuerza exclusiva del Estado); Cooperación del Sistema Internacional (labor facilitadora, apoyo financiero, legitimidad internacional del proceso) y una viabilización de los instrumentos de paz entendido como la formalización de lo pactado en las negociaciones.

A pesar por lo planteado en la agenda, el proceso tuvo una dinámica de crisis crónica, sumado a lo expuesto líneas arriba con respecto a los magnicidios y secuestros de gran calado, los años del proceso (1998-2002) significaron un avance del paramilitarismo por un lado y la denuncia del uso de la zona de distensión para el fortalecimiento militar de la insurgencia y la comisión de todo tipo de delitos en dicha zona, lo que infería una falta de voluntad por parte de las FARC frente a los diálogos y un accionar caótico e improvisado por parte del gobierno Pastrana para enderezarlos.

Al tiempo que se desarrollaban los diálogos, el gobierno Pastrana estructuraba una política de posconflicto para reconstruir la nación una vez alcanzada la paz, dicha política se conocería como Plan Colombia, pero el fracaso de las negociaciones transformarán radicalmente sus presupuestos y constituirán el punto de inflexión del conflicto armado colombiano, en lo relativo al balance de fuerzas entre los actores armados.

El anticipado fracaso de las negociaciones encuentra su hito histórico el 20 de febrero de 2002 cuando el ex congresista Luis Eduardo Gechem es secuestrado junto a los demás ocupantes del avión de Aires en el que volaban, el hecho terminó fulminantemente con un discurso presidencial en el que Andrés Pastrana denuncia la traición de las FARC al proceso y declara la reanudación de operaciones militares en la zona de despeje.

De esta forma terminaría un esfuerzo más en la búsqueda de la paz entre el establecimiento y la insurgencia, habrá de transcurrir una década entera antes de volver a una mesa de negociaciones, en el ínterin, Álvaro Uribe Vélez es elegido presidente de la república y su gobierno cambiará la dinámica de la guerra en Colombia, al tiempo que adelanta procesos de paz con los paramilitares y tiene acercamientos tímidos con el ELN e intercambios humanitarios con las FARC.

 

   

Oscar Daniel Feliciano Fajardo

 

FUNDACIÓN PAÍS POSIBLE

 

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