Plan de rehabilitación del Tolima, 1960

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Enero 6 de 1960

A buscar la paz del Tolima por todos los medios. 

El Siglo, No. 7.255, Enero 6 de 1960  


Otra política de paz que se destaca durante el gobierno Lleras Camargo está relacionada con la iniciativa adelantada en el departamento del Tolima, región identificada como zona convulsionada por las insurgencias comunistas surgidas desde 1952 en la región de Marquetalia. En enero de 1960, una delegación encabezada por el Presidente Lleras realizó una gira por Ibagué y el municipio del Líbano para anunciar una política integral de paz para el departamento que incluía un plan de rehabilitación por cincuenta millones de pesos.

En su primera estación, la capital Ibagué, el Presidente llamó la atención a los ciudadanos respecto de su papel en la construcción de paz, señalando que “nos falta más cooperación ciudadana, más colaboración de los partidos políticos, de todos los grupos y tendencias, más decisión de la ciudadanía entera para vencer este mal tremendo. No hemos recibido esa cooperación ni esa solidaridad en el grado en que la necesitamos.”[1] de esta forma, el presidente criticaba la actitud de la sociedad civil y los partidos frente a la violencia y llamaba la atención para un entronizamiento y una participación más activa del pueblo en las cuestiones de la paz.

Ese mensaje de paz  también llegó al municipio de Líbano, allí el presidente Lleras expresó que “La mayor contribución del departamento del Tolima al gobierno será su amor a la paz.” así mismo señaló que “Con la colaboración de la ciudadanía se irá creando una atmósfera irrespirable para el bandolerismo.”[2] fueron mensajes dirigidos no obstante a una comunidad escéptica y reticente que esperaba cambios evidentes en sus condiciones básicas de vida que nunca han sido  atendidas por autoridad alguna.

En síntesis, el plan de rehabilitación estructurado para el departamento del Tolima contemplaba una serie de medidas que incluían la unificación del comando militar el Tolima y el Quindío en el departamento de Caldas; se instauró la ley seca en los municipios más vulnerables de violencia bandolera; se definió un aumento del pie de fuerza para el departamento así como  de miembros de inteligencia provenientes del SIC, y jueces; también se facilitaron mecanismos para la aceleración de procesos contra los delincuentes.

Adicionalmente el plan definió parámetros para la rehabilitación económica y social del departamento, igualmente estipula mejoras en el sistema carcelario del departamento con el objeto de dar un trato humanitario a los presos, finalmente hizo un llamado a los partidos políticos, la iglesia católica, autoridades cívicas y dirigentes comunales para que colaboren en la implementación y en la legitimación de las acciones emprendidas por el plan.

El plan fue implementado entre otros por el ministro de guerra Rafael Hernández Pardo, el ministro de gobierno Jorge Enrique Gutiérrez Anzola; el ministro de justicia Germán Zea Hernández,  el procurador general, Rodrigo Noguera Laborde, el inspector de administración pública, Bernardo Gaitán Mahecha, así como del gobernador del Tolima Rafael Parga Cortés.

No obstante las expectativas generadas por los anuncios presidenciales, el plan no produjo los resultados esperados, entre otras cosas porque a los pocos días del anuncio, específicamente el 11 de enero, se produjo la muerte de Jacobo Prías Alape (a. Charro Negro), este asesinato a manos Jesús María Oviedo (a. Mariachi) guerrillero de la tendencia “limpia”, es decir, afectos al partido liberal, significó el punto de inflexión con el que guerrilleros de la tendencia “común” -de línea comunista- como Manuel Marulanda Vélez, se vieron forzados a retornar a las armas después de dejarlas apenas unos meses antes.

Las políticas descritas anteriormente tuvieron un impacto transitorio y marginal en el curso de la violencia política en el país, entre otras cosas porque el conflicto colombiano entró en la dinámica geopolítica enmarcada en la guerra fría, ello se evidencia por un lado por la infiltración de agentes comunistas en la organización campesina y estudiantil, sumado a los efectos regionales que tuvo la revolución cubana de 1959; por el otro, los distintos gobiernos norteamericanos enviaron misiones militares para la reestructuración del aparato militar colombiano de modo que pudiera hacer frente a una insurrección de corte socialista, esto último evidenciado con el envío de la misión Yarborough en 1962.

Visto el conflicto en clave geopolítica, sumada a la persistencia de la violencia partidista reactivada desde la década de 1930, así como la imposibilidad de superar problemas crónicos de pobreza y marginación social, se agrava con la entrada del narcotráfico en la ecuación de la violencia, todo ello en suma, da al traste las posibilidades de éxito de cualquier iniciativa de paz emprendida.

En consecuencia, los demás gobiernos frentenacionalistas emplearon la fórmula de la zanahoria y el garrote para la gestión de la paz, el gobierno de Guillermo León Valencia buscó a través de la operación soberanía en Marquetalia, terminar de una vez por todas el problema del bandolerismo comunista, en lugar de ello, se precipita la aparición de la guerrilla marxista de las FARC en 1964 y la camilista del ELN un año después.



[1] Plan radical para pacificar al Tolima anunció el presidente lleras. (1960, 7 de enero). Diario El Siglo, p.8.

[2] La mayor contribución del Tolima al gobierno será su amor a la paz. (1960, 8 de enero). Diario El Siglo, p. 13.

 

 

   

Oscar Daniel Feliciano Fajardo

 

FUNDACIÓN PAÍS POSIBLE

 

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