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INICIO DEL CESE AL FUEGO CON LAS FARC-EP
Mayo 27 de 1984
Alocución televisada del presidente Belisario Betancur
Estamos a muy pocas horas de un acontecimiento trascendental para nuestra patria querida y para todos los colombianos. Esta misma noche, comienza Colombia un camino que toca a su entraña íntima, porque tiene que ver con la paz, aquella libertad tranquila como alguien la llamara. Por tanto, permítame decirles unas cuantas palabras sobre el significado y la práctica de esa paz, tan buscada, a propósito del cese al fuego que empieza a regir a la media noche, entre las Fuerzas Armadas del gobierno legítimamente constituido, y las FARC; y de las conversaciones que empezaron a formalizarse ayer entre miembros de la Comisión de Paz, representantes del liberalismo y del conservatismo, y directivos de M- 19 y del EPL.
LA HORA CERO DE LA TREGUA
La aspiración a la paz un bello y noble ideal: pero es un ideal frágil, vulnerable, que a toda hora corre el peligro de convertirse en una quimera, es un monstruo que devora nuestra esperanza. Por eso hay que vigilarlo para que sea real: ese trabajo seductor está delante de nosotros, trabajo que debe ser comunitario a base de ser individual.
Tenemos entonces que aprender a amar aquella paz; pero sobre todo, aprender a elaborarla y casi a consentirla, siendo siempre realista en cuanto a las dificultades que se presentaran en el camino, o por incredulidad de unos, por prevención de otros; o por oposición de otros. La paz no se da fácilmente, no se da gratuitamente, no aparece porque sí, ni de un momento a otro.
Cuando sea las cero horas del 28 de mayo de 1984, se inicia la tregua de una lucha absurda que lleva más de treinta años, podríamos remontarnos muchos años más, con otro tipo de problemas, como pueden hacerlo nuestras Fuerzas Armadas, que tanto y tan duramente han padecido esa tremenda situación.
PAZ, EL NOMBRE DE LA JUSTICIA
La que esta noche se inicia es casi plenamente la paz, pero no es todavía la paz completa, porque lo que comienza es una tregua; porque aún están en trámite, aunque con excelentes augurios, acuerdos con otras formaciones alzadas en armas; y, porque, sobre todo, mientras subsistan las injusticias sociales no habrá «La Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad» que predica el evangelio: puesto que siempre se supo que paz es el nombre de la justicia.
Es largo y difícil el camino de la paz y la justicia. Necesitamos equiparnos de lucidez, paciencia y compresión, para recorrerlo. Recuerden ustedes que, después de muchos meses de discusión, gracias al patrimonio del Congreso y a un arrollador respaldo de la opinión pública, se aprobó la Ley de Amnistía en noviembre de 1982, es decir, hace dieciocho meses. Luego vino la entrevista de Madrid en octubre del 83, entre el Presidente y el M-19. Después empezó él diálogo formal de la Comisión de Paz con las FARC. Tuvo que pasar todo ese tiempo, dando lugar a la impaciencia, al escepticismo y casi a la cólera de muchos, para que llegáramos a esta tregua a la formalización del diálogo con otros alzados en armas.
LA PAZ ES UN CONSENSO
Dije que hemos abierto puertas pero necesitamos abrir varias más, principalmente la de la justicia en todos sus aspectos: por ejemplo el económico y social. Sobre ello se abre paso un Acuerdo Nacional, expresado en las conversaciones que sostiene el ejecutivo con las directivas de los partidos, de las organizaciones sindicales, de los gremios y primordialmente con las directivas del Congreso, cuerpo al que se llevarán proyectos de ley fundamentalmente para mejorar la vida de los colombianos. Y el Gobierno, en lo de su órbita legal, impulsará aún más sus programas y sus decisiones, teniendo en cuenta a los desprotegidos, a la sufrida clase trabajadora, a nuestra necesitada clase media, en fin, a quienes aspiren a que nuestra democracia no sea sólo un anuncio literario sino una garantía efectiva para elevar la calidad de su existencia.
La paz no es, por tanto, un problema de significado y alcance exclusivamente militar, porque no se trata de implantar la «paz romana» de la antigüedad. La paz verdadera es un consenso, es una expresión de la voluntad de todos, para cuya vigencia se deben dejar a un lado el dogmatismo, la arrogancia, la incomprensión; y dar paso a la generosidad, a la idea de que nadie puede pretender que tiene toda la razón porque también el vecino con quien no está de acuerdo, tiene parte de razón.
LA PAZ ESTABLE
Porque es consciente de esto, el Gobierno ha dicho que tenemos que acostumbrarnos a la normalidad, a no vivir en vilo, a no vivir al borde del desastre haciéndonos ilusiones con los estados de excepción, con el estado de sitio. Tenemos que acostumbrarnos a vivir bajo la legislación ordinaria, bajo la ley de todos los días. La verdad estable, es la normalidad con todos sus azares. Con ese argumento tan obvio, hemos dicho que el estado de sitio es una situación absolutamente transitoria. Así lo establece la Constitución, que es nuestra guía. No sólo por un acuerdo sino porque es de lo que está convencido, el Gobierno levantará dicho estado de sitio cuando reaparezcan las condiciones mínimas de seguridad ciudadana y en la medida en que se extirpe por zonas el delito de la droga que está destruyendo a nuestra sociedad.
Hago está precisión porque el régimen jurídico excepcional, se estableció como medida protectora de la comunidad y no del propio Gobierno, que no lo necesita porque su estabilidad no ha estado amenazada en ningún momento, así haya sufrido golpes tan terribles como el asesinato del Ministro Rodrigo Lara Bonilla.
Fuente: Villarraga Sarmiento, Álvaro, compilador y editor. (2009) Gobierno del Presidente Belisario Betancur 1982-1986. Tregua y cese al fuego bilateral FARC, EPL, M-19, ADO. Tomo 1 - Serie el Proceso de Paz en Colombia. Bogotá, Colombia: Fundación Cultura Democrática, FUCUDE

