APROBACIÓN DEL ACUERDO CON LAS FARC-EP

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Abril 2 de 1984

 

Alocución televisada del presidente Belisario Betancur (apartes)

 

 

SANGRE DE LA PATRIA

 

Para llevar a feliz término lo que estamos haciendo y proyectando, se necesita la paz, la convivencia, la seguridad ciudadana que provee a la seguridad del Estado, no ésta a la primera.

 

La paz ha sido un camino muy duro para el Presidente, le ha costado su prestigio en los grandes salones, en reuniones de personas que sólo creen en la supuesta vía rápida, expedita, detonante, de buena puntería, tierra arrasada y represión. La llamada por un gran periodista, «moda de hablar mal del presidente», llega hasta sugerir que su afán no es por la paz, que no es por mejorar la suerte de Colombia, si no por que al Presidente lo guía un interés no tan noble: Ganarse un premio internacional de la paz.

 

Pero el Presidente no se da el lujo de pensar en esas cosas menores. El Presidente se va ha seguir gastando el poco o mucho prestigio que tenga, mientras esté en juego la vida del más humilde de los colombianos. Por que esa es la sangre de la Patria que no puede verterse en aras de una locura, del odio, de la incomprensión.

 

LUCES DE ESPERANZA

 

Y, a Dios gracias la verdad que poco a poco van apareciendo luces de esperanza. Y el Presidente y el Gobierno mantienen su ruta. No puede caber duda de nuestra decisión y buena fe. Por eso, se entrevistó en España con los dirigentes del Movimiento 19 de Abril. Por eso hace meses viajó la Comisión de Paz al Huila. Y por eso viajó ahora a los Llanos Orientales y trajo un documento que miramos con satisfacción, esperando que se reproduzcan reacciones hacia la paz en otras formaciones que por cualquier motivo estén al margen de la ley.

 

Desde el comienzo de este Gobierno, en el propio acto del 7 de agosto de 1982, ofrecí consagrar incancelables y permanentes esfuerzos a la paz de mis compatriotas. Hice elevadas consultas con los insignes ex Presidentes de la República, con el episcopado, con dirigentes políticos y gremiales, con el consejo de ministros, con los altos

mandos militares, en fin con muchos más compatriotas, sabios y prudentes. Tracé itinerarios, soporté agravios sin protestar de mi parte, exploré caminos sin desechar ninguno que pudiera ahorrar a los colombianos desventuras y zozobras; en ningún caso con mengua de la autoridad, ni con procedimientos que recortaran los atributos del Estado, ni con sacrificios de una brizna del honor sagrado y de la sagrada dignidad de las Fuerzas Armadas. Ni del esfuerzo presidencial. He insistido en que este Gobierno no es arrogante, pero que tal condición de tolerancia democrática no ha significado, ni podrá significar que se obre con debilidad, ni con indecisión. He propiciado con paciente angustia patriótica el desarrollo de formas políticas para el anhelado objetivo de la paz a la colombiana, explorada por colombianos, acordada y decidida entre colombianos, mediante diálogos que eviten a mis hermanos colombianos padecimientos inevitables cuando se ciegan los senderos civilizados de la política.

 

Uno de aquellos caminos fue transitado con sinceridad patriotismo, desinterés y coraje por la Comisión de Paz. Ella surgió desde la Administración Turbay, con la presidencia del doctor Carlos Lleras Restrepo; en el actual Gobierno fue ampliada para vincular a otras eminentes personas. Cuyo concurso ha sido, en su heterogénea composición, ejemplo de pluralismo animado por el sentimiento de patria, el sentimiento de paz, el sentimiento de solidaridad nacional. La Comisión de Paz merece el reconocimiento de la Nación.

 

LA ENTREVISTA CON LAS FARC

 

Como etapa superior de su trabajo en gradual desarrollo, una delegación de su seno compuesta por los doctores John Agudelo Ríos, Cesar Gómez Estrada, Rafael Rivas Posada, Samuel Hoyos Arango, Margarita Vidal y Alberto Rojas Puyo realizaron entre el lunes 26 y el miércoles 28 de marzo, un viaje para presentar a los representantes de las FARC respuesta a proposiciones anteriores que estos habían hecho llegar a la Comisión.

En las conversaciones realizadas por los miembros de la Comisión con los voceros de los alzados en armas, por virtud de autorización que el Gobierno otorga mediante comunicado expedido conjuntamente por los ministros de Gobierno Alfonso Gómez Gómez, y Defensa el General Gustavo Matamoros se armonizaron los aspectos sociales, políticos, económicos y militares implícitos en esta irregular situación. La reunión cumplida en territorio colombiano, acordó los siguientes puntos para someterlos a la aprobación del Gobierno, y para cuyo desarrollo y observancia, las personas vinculadas a su texto, han asumido el compromiso de viabilizarlas para que sean puestas en ejecución.

 

Los responsables de la organización y mando de las FARC-EP ordenan la cesación de actividades a partir de una fecha determinada, en todos los lugares del país donde vienen operando, como expresión de su voluntad para acogerse a la paz, bajo los pliegues de la bandera nacional que ha de arropar siempre a todos los colombianos, al igual que a los extranjeros que con arreglo a la ley se acojan a ella. Esta orden de cesación de las actividades por parte de las FARC se mantendrá indefinidamente, si el Presidente de la República impulsa el proceso pacificador con una orden suya, impartida en oportunidad señalada a su juicio.

 

LA CONDENACIÓN DEL SECUESTRO

 

En el documento discutido por los ilustres comisionados y considerado como compromiso, se hace categórica condenación del secuestro, y se expresa la voluntad de combatirlo como práctica humana de gravísimos efectos para la estabilidad de la nación, para la prosperidad del pueblo colombiano y para la concordia.

 

Se ha aceptado que una comisión de verificación ampliamente representativa, designada por el Presidente de la República, vigilará el cumplimiento de lo acordado entre los dialogantes y atenderá el conocimiento y positivo tratamiento de las circunstancias que en el desarrollo de la nueva etapa pudieran considerarse como factor interferente para su consolidación.

 

Los comisionados acordaron que habrá, a partir de ahora, un período de adaptación para que los comprometidos en las guerrillas se incorporen a la normalidad civil y democrática y al proceso productivo del país; se organicen según su deseo y conveniencia dentro de la democracia pluralista que practicamos en Colombia, y puedan adoptar activa participación en el juego y emulación de los partidos políticos.

 

LAS REFORMAS SOCIALES

 

Los delegados de la Comisión de Paz han dado testimonio, a los representantes de las FARC de que el gobierno ha venido impulsando y continuará impulsando el cambio social, las reformas políticas que amplíen y profundicen la vida democrática colombiana. 

 

Así mismo hicieron énfasis en la inquietud por los problemas de la tierra, siempre presentes en los grandes conflictos de la humanidad, y que entre nosotros se manejan por medio del Instituto Colombiano de la Reforma Agraria. De las reformas encaminadas a tal amplitud de nuestra vida democrática, nos venimos ocupando y lo haremos sostenidamente para que la vía electoral, cuente con organismos modernos y autónomos en su normal funcionamiento; se dispone ya del estudio confiado a la Universidad de los Andes, cuyas conclusiones servirán de base para la redacción del proyecto de ley de rigor. 

 

El Gobierno actual viene apoyando desde su iniciación las organizaciones campesinas y de resguardos indígenas; los programas de microempresas en zonas rurales incomunicadas y afectadas de violencia; y atendiendo a rutas carreteables, líneas eléctricas e instalaciones para servicios de salud y educación.

 

APROBACIÓN DE LAS BASES

 

Examinados los acuerdos que los delegados de la Comisión de Paz realizaron con el mando de las FARC, el Gobierno considera que ellos son una contribución real al sosiego en vastas comarcas colombianas, y crear factores objetivos que devuelvan confianza para el trabajo de nuestros compatriotas y que si se cumplen con lealtad, sinceridad y patriotismo, suscitarán una amplia y creadora reconciliación nacional.

 

Por eso el Gobierno les imparte su aprobación. Y por estimar que es una hermosa y esperada noticia, así lo comunica a la nación. Discúlpenme unos minutos más para leerles el texto completo, tal como fue escrito.

 

POR LA PAZ MORAL

 

Este es un gran paso de esperanza. Quiera Dios que se afiance y se consolide. Y que haya otros pasos más de otros compatriotas. Tenemos que seguir buscando la paz sólida que ahora vislumbramos. ¿Saben para qué? Para dedicar todas las energías y muchos recursos a la seguridad ciudadana; a la defensa de la vida, la honra y bienes del colombiano común y corriente, no sólo en el sentido de protección contra el crimen, sino en el de darle los servicios básicos que necesitan y que resultan negándose porque los dineros deben dedicarse a otros menesteres.

 

¿Y saben para qué más? Para recobrar la dignidad nacional que nos ha arrebatado el narcotráfico, exhibiéndonos con esa negra imagen ante el mundo y enfermando a nuestra juventud, pervirtiéndola con droga. Esa es la gran tarea que tenemos por delante. Denunciarlos día a día; notificarles que no pueden seguir desquiciando nuestra sociedad, a la que ellos mismo pertenecen. Decirles en un gran coro nacional: ¡Basta!

 

Debemos dejar de hablar en tono divertido, como si fuera tema de poca monta, de las cosas que están pasando con el imperio de esos dineros. El problema más grande que ha tenido Colombia en su historia es el de la droga, su efecto tenebroso en nuestra gente, en su salud, en su moral. Ahí se sintetizó dramáticamente todo lo de nuestra pobreza, de nuestro desempleo, del alejamiento de los valores básicos. Dicho de otra manera, se trata de rescatar una sociedad que muchas causas las hicieron sentir ajena, extraña, casi inexistente. De ahí la alta cirugía en que debe convertirse la nueva lucha infatigable, insomne y denodada, por la paz moral.

 

 

Fuente: Villarraga Sarmiento, Álvaro, compilador y editor. (2009) Gobierno del Presidente Belisario Betancur 1982-1986. Tregua y cese al fuego bilateral FARC, EPL, M-19, ADO. Tomo 1 - Serie el Proceso de Paz en Colombia. Bogotá, Colombia: Fundación Cultura Democrática, FUCUDE

 

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